La voluntad

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La voluntad

Un hombre que sí tenía tiempo.

Una mujer con voluntad

Hasta sus 15 años, Cristina fue una mujer común y corriente. Muy bonita e hija única de madre soltera, era un tanto caprichosa y acostumbrada a tener lo que quería y cuando lo quería. De pronto, se presentó la desgracia: una enfermedad la dejó paralítica de medio cuerpo y, según nos contaba con sencillez, le dejó sin uso la mitad del cerebro.

Desilusionada de la vida, pudo haberse arrinconado y atrincherado en su casa, pero es una gran mujer y decidió enfrentar la vida: camina aunque arrastre su rebelde pierna casi inútil. Su brazo izquierdo termina en una mano agarrotada que no puede tomar nada, y hace funcionar la mitad del cerebro que sí le sirve mejor de lo que muchos hacemos funcionar el cerebro completo. Yo la conocí dando catecismo en mi parroquia y le he seguido los pasos con admiración. ¡Ya terminó su carrera universitaria! Tiene una flamante licenciatura y, con ayuda de su primo, va y viene de su trabajo todos los días. Detrás de esta gran mujer hay, desde luego, otra gran mujer llena de voluntad: su madre, quien la acompañó todos los días a las sucesivas escuelas y la animó para que no se dejara vencer por sus impedimentos físicos.

Eso es tener voluntad.

¿Qué es la voluntad?

En latín hay un verbo, volo, que significa yo quiero. De esa palabra viene voluntad. La capacidad de querer que, junto con la capacidad de entender, son los motores de las acciones humanas.

El hombre, el ser humano, se distingue de los animales porque ha logrado sobreponer a los instintos estas dos facultades de entender y querer. Sobreviven en nosotros todavía los instintos más elementales que nos protegen incluso de nosotros mismos, como el de la preservación de la especie, el de conservación de la vida, el instinto paternal y maternal para proteger a la prole y otros que nos ayudan a sobrevivir.

Pero nos distinguimos de los irracionales en que pensamos y queremos; entendemos y actuamos.

Escuela de voluntad

La voluntad -como valor- consiste en hacer lo que tenemos que hacer, lo que debemos hacer, sin dejarnos vencer por las dificultades.

Admiramos este valor no sólo en los atletas que entrenan incansablemente, o en los artistas que perfeccionan con disciplina su talento, sino también en cada persona que calladamente cumple con su obligación de cada día.

Esa es la lección que da un padre de familia a sus hijos que lo ven todos los días acudir a su trabajo para ganarse honradamente el pan de cada día. Esa es la lección de una madre de familia que cuida de los suyos a pesar de que muchas veces, por necesidad, también acude a trabajar para ganarse la vida.

El hogar es la mejor escuela en la que se aprenden todos los valores y también éste de la voluntad.

¿Cómo se forma la voluntad de un niño? Desde luego con el ejemplo callado de todos los días, pero también ayudándole a soñar, a formarse ideales y a marcarse metas y objetivos.

Hay que tener cuidado de no hacer creer a los hijos que los sueños de los padres son sus propios sueños. Los hijos no tienen por qué realizar los sueños frustrados de sus padres. Los papás saben poner al alcance de sus hijos, porque los aman, los medios posibles para que puedan ejercer su voluntad de ser, de acuerdo con su edad y su situación económica. Cada vez que se gradúa algún joven y acude a dar gracias a Dios en la Iglesia me gusta remarcar que el triunfo también es de sus papás y de los hermanos que los apoyaron.

La voluntad se motiva por el amor que se da y se fortalece con el amor que se recibe. Se realiza si hay perseverancia y compromiso.

Lo que no es la voluntad

La voluntad bien entendida se pone a sí misma los límites dictados por el respeto y el amor a los demás.

Se es voluntarioso cuando lo único que importa es el propio beneficio. Un ejemplo de esto son los caprichos de los niños mimados, que someten a su voluntad a los demás por el chantaje y el miedo. Y en lo que toca a caprichos, algunos nunca crecen y siguen haciéndolos mientras haya alguien que los tolere.

La falta de voluntad puede ser una enfermedad que hace inútil a la persona y la sume en la pasividad.

La voluntad se construye:

 Cuando se tiene una visión clara de lo que se quiere.  

 Cuando lo que se quiere es bueno.  

 

 Cuando se conocen y se aceptan los esfuerzos y sacrificios que implica conseguir lo que se quiere. 

 Cuando se pide y se acepta ayuda y consejo.

 Cuando se acepta la disciplina y el método. 

 

 Cuando descubrimos que el ejercer nuestra voluntad nos hace ser imagen y semejanza del mismo Dios.