Savio Hon Tai-Fai

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 ¿No se te hace, lector amigo, un objetivo fascinante? ¡Llevar a los hombres la luz de la verdad! ¡Está tan oscurecido el horizonte! Difícil tarea, es evidente -como toda empresa noble-, pero no imposible. Empresa atrayente, seductora, por la que vale la pena dar la vida. Viajando por la ciudad de Roma leí en un muro esta antigua inscripción latina: “nil dificile volenti”: nada es difícil para el que quiere. “Llevar a los hombres la luz de la verdad”, nos propone ahora Benedicto XVI. Recordar al hombre -a cada hombre y a cada mujer- su gran nobleza de hijos de Dios. No somos animalitos, sino personas… Tarea ardua -uno por uno-, porque se trata de hombres y de mujeres, seres racionales y libres. Se nos pervierte -nos destrozan fácilmente algunos medios-, engañándonos como manada. En cambo, se nos eleva a nuestra plena dignidad con la verdad, uno a uno, como personas que somos...
En la homilía del sábado 5 de febrero, al ordenar cinco nuevos obispos en la Basílica de San Pedro -uno de ellos chino, Savio Hon Tai-Fai-, Benedicto XVI nos propuso a todos, a los dos mil millones de creyentes: “El ser intrépido, el valor de oponerse a las corrientes del momento (…). No debes ser como paja en el pantano, sino como un árbol que tiene profundas raíces en las que está cimentado”.
Al recordar que “la mies es abundante pero son pocos los trabajadores”, señaló que “el trabajo en esta mies, en el campo de Dios, en el campo de la historia humana es llevar a los hombres la luz de la verdad, liberarlos de la ‘pobreza de verdad’, que es la verdadera tristeza y la verdadera pobreza del hombre”.
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Al recordar la reciente Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, Benedicto XVI dijo que esta labor tiene cuatro ejes: la enseñanza de la fe de los apóstoles, la comunión fraterna, la fracción del pan y la oración. La enseñanza de los Doce Apóstoles, centrada en la Palabra de Dios, “es la base segura sobre la que podemos construir la casa de nuestra fe, de nuestra vida. Y nuevamente la estabilidad y lo definitivo de esto que creemos, que no significa rigidez”.
“Entramos en esa comunión a través de creer y vivir juntos con quienes Lo han tocado [se refiere al los Doce Apóstoles]. Con ellos y a través de ellos nosotros mismos de algún modo Lo vemos, y tocamos a Dios que se hace cercano. Así la dimensión horizontal y la vertical se entrelazan inseparablemente una con otra”.
La Sagrada Eucaristía “debe ser el centro de nuestro ser cristianos y de nuestra vida sacerdotal”, nos recuerda. Con la Eucaristía “el Señor se nos da a nosotros. El Señor entra en mi intimidad y quiere transformarme para hacerme entrar en una profunda comunión con Él. Así me abre también a todos los otros: nosotros, siendo muchos, somos un solo pan y un solo cuerpo…”
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En cuanto a la oración, Benedicto XVI resaltó la necesidad fundamental de entrar en este diálogo de amor con Dios que es propio de todo cristiano. “Así queda claro algo importante: la oración, por una parte, debe ser muy personal, un unirme en los más profundo a Dios. Debe ser mi lucha junto a Él, mi búsqueda de Él, mi acción de gracias por Él y mi alegría en Él”.
Por otra parte, la oración “no es nunca una cosa privada de mi ‘yo’ individual, que no tiene en cuenta a los otros. Sólo en este ‘nosotros’ somos hijos de nuestro Padre, como el Señor nos ha enseñado a rezar. Sólo este ‘nosotros’ nos abre el acceso al Padre”.
Alentó a todos a “echar las redes del Evangelio en el mar agitado de este tiempo para obtener la adhesión de los hombres a Cristo, para sacarlos, por así decir, de las aguas saladas de la muerte y del vacío en el que la luz del cielo no penetra. Deben llevarlos a la tierra de la vida, en la comunión con Jesucristo”.
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Recuérdelo bien el lector. Entre los cinco nuevos obispos está Monseñor Savio Hon Tai-Fai, nacido en Hong Kong en 1950, actualmente Secretario de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos.