Wojtyla en los altares: sobran los motivos

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El próximo domingo, Benedicto XVI presidirá la  beatificación del Juan Pablo II, después de considerar la curación inexplicable e inmediata de la monja francesa Marie Simon-Pierre, que sufría párkinson, un milagro obtenido a través de su intercesión.

Sin embargo, son muchas más las razones que se acumulan para elevar a los altares a Wojtyla, tanto es así que por dispensa pontificia, la causa de beatificación comenzó antes de  los cinco años pertinentes.

1. Virtudes heroicas. En junio de 2009,  nueve consultores teólogos de la Congregación para las Causas de los Santos dieron su parecer positivo sobre la heroicidad de las virtudes heroicas del Siervo de Dios.

El 19 de diciembre de 2009 Benedicto XVI autorizó la promulgación del decreto sobre la heroicidad, reconociendo así la radicalidad con la que vivió el Evangelio Karol Wojtyla.

2. Un milagro reconocido. Benedicto XVI aprobaba el  14 de enero el milagro necesario para la beatificación. La religiosa Simon-Pierre sufría párkinson desde 2001, pero  en 2005, dos meses después de la muerte del Pontífice, los síntomas desaparecieron después de que su comunidad rezara por su intercesión.

3. Fama de Santidad. La Congregación para las Causas de los Santos inició la causa de beatificación antes de lo exigido por la normativa vigente por la imponente fama de santidad de la que gozó Juan Pablo II en su vida. Muestra de ello fueron los gritos de «Santo súbito» de las miles de personas congregadas en la Plaza de San Pedro tras su fallecimiento.

4. Hecho a sí mismo. Deportista, poeta, dramaturgo, actor, obrero en una cantera... Así se  fue conformando la personalidad de Wojtyla, en una Polonia ocupada por las tropas de Hitler. «Yo trabajaba en la fábrica y, en la medida en que lo permitía el terror de la ocupación, cultivaba mi afición a las letras y al arte dramático. Mi vocación sacerdotal tomó cuerpo en medio de todo esto, como un hecho interior de una transparencia indiscutible y absoluta», confesó.

5. Hombre de oración. «El hombre no puede vivir sin orar, lo mismo que no puede vivir sin respirar». Quienes compartían con él el día a día, recuerdan que esta máxima le llevaba a estar ante el Sagrario sin que nadie ni nada le perturbara.

6. Una fe sin miedo. Desde el minuto cero de su pontificado, el Papa polaco dio muestras de su valentía. Así lo demostró en su primera homilía en la Sede de Pedro, al exclamar: «¡No tengáis miedo! ¡Abrid las puertas a Jesucristo!».

7. Misionero incansable. Dan fe los 133 países que visitó, que equivalen a 29 vueltas al mundo. Con ellos quiso que las iglesias locales, especialmente las amenazadas por la persecución, se sintieran acompañadas por su Pastor, y por otro lado, hacerse presente en aquellas tierras donde la presencia católica es mínima.

8. Nueva Evangelización. Una de las intuiciones de Juan Pablo II  fue dar voz a los nuevos movimientos de laicos y religiosos que han supuesto una primavera dentro de la Iglesia, tanto en el aumento de vocaciones como en la novedad de estos carismas que enriquecen una gran familia formada por 1.200 millones de católicos.  Muestra de esta apuesta son el Camino Neocatecumenal, Opus Dei, Regnum Christi, los Focolares, Renovación Carismática y Comunión y Liberación.

9. Cumenismo y el diálogo interreligioso. Las Jornadas de Asís en 1986 con los principales líderes religiosos orando al Dios único, fue uno de estos frutos que ejemplificaron su capacidad de buscar lo que une  y dejar a un lado las diferencias.

10. Abrazo al pueblo judío. En 1986 se convirtió en el primer Papa de la historia, después de San Pedro, en visitar la Sinagoga de Roma, y en 2000. Su rezo ante el Muro de las Lamentaciones suponía el reconocimiento de las raíces conjuntas de cristianismo y judaísmo. Pidió perdón público por las omisiones de los miembros de la Iglesia en defensa de los judíos –«hermanos mayores en la fe»– durante la Shoah.

11. Pastor cercano. En más de una ocasión, la espontaneidad de Juan Pablo II generó algún quebradero de cabeza a los responsables de su seguridad. No lo podía evitar: lo mismo bromeaba con un niño, que empatizaba con un enfermo...

12. Amigo de los jóvenes. «Soy un joven de 83 años», bromeó ante el millón de jóvenes que le escuchaban en Cuatro Vientos en su último viaje a España en 2003. Con estos detalles, conectaba con las nuevas generaciones, para quienes creó  en 1984 las Jornadas Mundiales de la Juventud. Desde el momento de su beatificación se convertirá en patrono de estos encuentros que este verano se celebrarán en Madrid.

13. Principios firmes. Cuando la revista «Time» le nombró el personaje del año en 1994, destacó que sus mensajes «no son optimistas ni halagadores, tampoco sucumben a la fácil componenda entre el bien y el mal». Y así lo aplicaba también al Gobierno de la Iglesia Universal. No dudó en llamar al orden a las diócesis y las congregaciones que se alejaban del magisterio eclesial. Tampoco dudó en amonestar en público a Ernesto Cardenal, uno de los baluartes de la teología de la liberación.

14. Un Papa para la Historia. Su diplomacia y su amplio conocimiento de las relaciones internacionales le convirtieron una pieza clave para cambiar el rumbo tanto de Polonia, su país natal, como de la Europa atrapada por el marxismo. Los analistas han reconocido su papel fundamental en la caída del muro en 1989 y su papel en la apertura de Cuba tras su viaje en 1998. Tampoco le quebró la voz al lamentar la actuación de dictadores como Pinochet.
 
15. Artesano de la paz. Una y otra vez exclamó: «Nunca más la guerra». Y no sólo presionó para que los gobiernos de las distintas naciones apostaran por la vía diplomática, sino que viajó a territorios de conflicto. En otras ocasiones, como en el caso de Sarajevo, le fue imposible ante las continuas amenazas de los serbobosnios. Condenó además la barbarie terrorista, el racismo, el antisemitismo y los nacionalismos exacerbados; exigió el desarme, denunció el comercio de armas...

16. Apóstol del perdón. Expresó en nombre de la Iglesia su pesar por los «errores de exceso» en la Inquisición, por los excesos de los misioneros con algunos pueblos nativos, por la condena a Galileo... Tampoco dudó  en perdonar a Mehmet Ali Agca, autor del atentado que sufrió el 13 de mayo de 1981, y quiso encontrarse con él en prisión y pidió su indulto.

17. Impulsor del Vaticano II.  Vivió el Concilio como arzobispo de Cracovia y participó de forma activa en tres comisiones: Sacramentos y Culto Divino, Clero y Educación Católica. Ya como Papa a lo largo de los 26 años de Pontificado fue desarrollando los frutos de lo que el consideró un «gran patrimonio» de la Iglesia.

18. Magisterio prolífico. Catorce encíclicas en 1.800 páginas recogen su visión de una Iglesia comprometida, cercana y para todos. A ellas hay que unir numerosas cartas y exhortaciones apostólicas.

19. Doctrina social. Preocupado por las preocupaciones y dificultades cotidianas de los hombres, en «Laborem excerns» sacaba la cara por los trabajadores recordando que no son una simple mercancía del sistema, arremetiendo contra el materialismo y el marxismo, mientras que en «Sollicitudo rei socialis», denunciaba alto y claro la explotación social e instaba a los gobernantes a modificar las reglas del juego para acabar con las diferencias entre norte y sur.

20. Voz de los sin voz. Baluarte de los derechos humanos, siempre estuvo atento a las necesidades de los más desfavorecidos. La proyección mediática de su amistad y respaldo a la obra de la beata Teresa de Calculta era sólo un reflejo de las múltiples denuncias que realizó ante los más poderosos de la tierra.

21. Defensor de la dignidad del hombre. No sólo proclamó la defensa de la vida como un valor incuestionable desde la concepción hasta la muerte, sino que él mismo supo responder con un «hágase» ante su enfermedad.

22. Diálogo entre ciencia y fe. Su punto de partida fue que religión y ciencia no pueden ignorarse, pues ambas son dimensiones distintas de una cultura común.

23. En la escuela de María. «Totus Tuus» (Todo tuyo) fue el lema elegido por el Papa Polaco para su Pontificado. De este modo se consagraba totalmente a la Madre de Jesús, viviendo esta devoción como el mejor camino para llegar a Cristo. Incluso añadió cinco misterios al Rosario, su oración preferida.

24. Defensor del genio femenino. Con ocasión del año mariano, en 1988 promulgó la carta apostólica «Mulieris dignitatem» en la que reconocía formalmente la aportación de las mujeres en la labor de la Iglesia. Sentía especial admiración por Santa Teresa de Ávila, Faustina Kowalska y Edith Stein.

25. Milagros de lo cotidiano. A buen seguro que cualquier cristiano ha sentido cómo Juan Pablo II les ha tocado el corazón con un gesto, una palabra o una mirada. Un motivo más, o mejor, millones de motivos, que refuerzan su beatificación.

Castro, el líder que más preparó la visita del Papa
«Un gran corazón. Homenaje a Juan Pablo II» es el nombre del libro que ha elaborado el cardenal Tarcisio Bertone y que repasa algunos episodios de la trayectoria vital del Papa polaco, entre ellos el viaje que realizó a Cuba en 1998. «Fidel Castro mostró afecto por el Papa, que ya estaba enfermo, y Juan Pablo II me confió que posiblemente ningún jefe de Estado se había preparado tan a fondo para una visita de un Pontífice», recuerda Bertone en su libro, del que ayer se conoció un adelanto.